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Tu guía de viajes

La leyenda del espía nazi de Cofete

La villa Winter situada en la playa de Cofete, en Fuerteventura, fue durante muchos años foco de atención de los servicios secretos británicos, al sospechar que se trataba de una construcción estratégica para la Armada alemana.

Aunque no existen evidencias documentales sobre la presencia de fuerzas militares, no es de extrañar que se especulase sobre su finalidad por la ubicación de la enorme mansión  y su interior.

La idílica playa de Cofete es, aún hoy, un lugar abandonado donde lo único que se distingue entre sus arenas vírgenes de 13 kilómetros de longitud, es la enorme construcción Winter junto a un imponente torreón. El propio Alberto Vazquez Figueroa lo describe en su libro Fuerteventura: “Era sin lugar a dudas un lugar agreste, salvaje y abandonado de la mano de Dios, que parecía conservarse como el día mismo de la Creación, excepto por la presencia de la solitaria casa que se alzaba, maciza e incongruente, casi en su mismo centro”.

Todavía, hoy, hay quienes defienden el mito de la casa Winter que tantas controversias ha suscitado.

Cuenta la leyenda que la villa Winter sirvió de lugar de descanso, refugio y avituallamiento para las tripulaciones de los submarinos nazis durante  la II Guerra Mundial. Además, se rumoreaba que desde la torre se orientaba a submarinos o aviones alemanes. Sin embargo, la ausencia de documentación sobre el abastecimiento de submarinos en la isla, así como sí se ha constatado de Tenerife y Gran Canaria, unido a las fuertes mareas de la playa de Cofete debido al fuerte oleaje, las corrientes y el viento, evidencian la dificultad de este tipo de operaciones.

No obstante, hay quienes siguen hablando de túneles subterráneos que unen el sótano de la casa con la costa, habitáculos oscuros a los que se accedería por pequeñas puertas ocultas en las paredes donde se escondían aquellos militares que trataban de evitar así las cicatrices producidas por la luz tras someterse a operaciones de estética para no ser reconocidos tras la guerra, mazmorras donde alguna vez hubo grilletes y cadenas para diversas torturas, hornos crematorios, puertas tapiadas, numerosas habitaciones, una gran caja eléctrica, y diferentes elementos decorativos de gran valor con los que se pretendía apoyar la teoría de que la villa fue una residencia de oficiales alemanes.

Lo cierto es que ni siquiera hay un acuerdo en lo que a la fecha de construcción del alojamiento colonial se refiere; algunas fuentes británicas indican que se edificó en 1940, la familia de Winter explica que comenzó en el 38, pero que es entre 1946 – 1950 cuando se alza el palacete debido a la dificultad que conllevaba en aquella época transportar los materiales que eran desembarcados en Morro Jable. No obstante, el propio Winter declaró para Der Stern que la construcción de la obra fue en 1958.

En los años 40, Winter también habilitó en las proximidades de la vivienda un aeródromo, lo cual hizo aumentar el recelo de aquellos que desconfiaban sobre las intenciones del alemán. Este justificó el pequeño aeropuerto calificándolo de necesario para la evacuación de urgencias médicas en esa zona de la isla, pero el Jefe de la Zona Aérea de Canarias prohibió el uso de la pista en 1950.

Gustav Winter, diseñador de la CICER  ¿y espía nazi?

Gustav Winter nació en 1893 en Zastler (Alemania). Fue detenido en 1914 al abordar los ingleses el barco en el que viajaba a su paso por el Canal de la Mancha. Cuando consigue escapar, huye a España donde finaliza sus estudios de ingeniería y comienza a impulsar diversos proyectos de centrales termoeléctricas en varios puntos del país. Posteriormente, se traslada a Las Palmas de Gran Canaria y levanta en Guanarteme entre 1924 – 1928 la Compañía Insular Canaria Colonial De Electricidad y Riego, la famosa CICER, que dio nombre a esa zona de la Playa de Las Canteras, y su central eléctrica Alfonso XIII, que inauguró en 1929 el General Primo de Rivera.

Juan Miguel Winter Althaus, hijo del ingeniero, explicó que fue tras conocer a su segunda esposa en 1945, Elisabeth Althaus, cuando el alemán decidió comenzar una nueva etapa en Fuerteventura. Si bien es cierto que la construcción de la villa había comenzado años antes.

Aunque en la isla majorera siempre fue conocido como Gustavo “el alemán”, el espionaje británico lo tachaba de espía nazi protegido por el franquismo. En alguna ocasión se llegó a manifestar que la isla en cesión que solicitaba Hitler en sus reuniones con Franco en 1940 para el uso de la Marina alemana era Fuerteventura, sin embargo, el historiador de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Juan José Díaz, expresó que el interés del Tercer Reich era sobre Gran Canaria, al tener una infraestructura portuaria y aérea más desarrollada.

Este profesor canario concluye tras sus investigaciones que Gustav Winter no perseguía ningún tipo de finalidad estratégica, pero sí tenía la intención de industrializar la isla majorera, atrayendo capital para la electrificación, la construcción de un muelle, de una fábrica de cemento y de una factoría de conservas y harinas de pescado. Para tal despliegue de infraestructuras pidió ayuda económica al lugarteniente de Hitler, Hermann Goerig, que supuestamente accedió a ello. Díaz Benitez expresa sus dudas ante la idea de que Goering conociese el destino del dinero o si el negocio de la extracción de óxido de hierro, del que encontró documentación en Berlín, era una tapadera de Winter para sanear su empresa, Atlantische Industrie Gesselschaf, y llevar a cabo otros proyectos económicos, ya que ninguno de los anteriores (industria de pesca, fábrica, etc) se materializó. Además, el historiador descubrió una carta durante sus viajes de investigación en la que se demuestra el desconocimiento de la existencia de Winter por parte del alto Mando de las Fuerzas Armadas alemanas, al solicitar a Goering que inste al alemán a abandonar sus trabajos en Fuerteventura por no servir de utilidad alguna para Alemania y estar atrayendo la atención de los servicios secretos británicos.

El profesor de historia de Madrid, Manuel Ros Agudo, afirma en su libro La Guerra Secreta de Franco que el objetivo del alemán era crear un punto de apoyo discreto en Canarias para prestar suministro de combustible y torpedos a los submarinos nazis o como punto de descanso.

El que fue alcalde de Las Palmas de Gran Canaria, Manuel Bermejo, expresó también sus dudas sobre la finalidad de la inquebrantable casa tras una de sus visitas a principio de los años 69:

“En este paisaje de soledad absoluta, el encontrarse una casa enorme en medio de la playa, con sólidas paredes, muchas habitaciones, una cocina capaz para muchos comensales, unos sótanos amplísimos con instrumentos de música, sientes que es un elemento insólito, como un elemento extraterrestre que allí se ha depositado y que te crea una serie de interrogantes sobre su destino, ya que desde luego no es, ni puede ser, por sus dimensiones, el sitio de recreo y reposo de una familia.

Como tal, las interpretaciones de para qué servía, la posibilidad de vivir allí, sin que nadie en el mundo civilizado pueda tener conocimiento de tu existencia, la cercanía de un aeropuerto de tierra sito casi al extremo sur de Jandía y, por tanto, no lejos de ella, el aislamiento que creaba Winter con el control por radio a todo el que quería acceder a la península de Jandía, su dominio total de ella, la frecuencia de los hundimientos de mercantes aliados en el entorno de Canarias por submarinos alemanes, a cuya nacionalidad pertenecía Winter, el que hayan sido precisamente prisioneros políticos los que hicieron la carretera de acceso, son todos elementos que confluyen en una especulación mental, nada sé con certeza, que relacionan unas cosas con otras.”

En octubre de 1947 el nombre de Gustav Winter apareció en la lista de repatriación de 104 espías alemanes residentes en España bajo la protección de Franco que fue elaborada por los aliados, principalmente Francia, Reino Unido y EEUU, y presentada por el Departamento de Estado norteamericano al Ministerio de Asuntos Exteriores español,  solicitando su entrega a Alemania para que fueran juzgados. Describían a Winter como “agente alemán en Canarias encargado de los puestos de observación, equipados con telefonía sin hilos y del abastecimiento de los submarinos alemanes” No obstante, no debieron de haber pruebas que sustentaran tales acusaciones por lo que ese mismo año regresó a Canarias.

El periodista César Javier Palacios, en su publicación Realidad y leyenda de Gustav Winter asegura que ninguno de ellos fue repatriado gracias al amparo del régimen franquista.

También escribe sobre el registro de repatriados el periodista José María Irujo en su libro La Lista Negra, donde también afirma que el espionaje alemán estaba detrás de sus supuestas actividades empresariales.

Winter: impulsor del turismo en Fuerteventura 

Si hay algo en lo que detractores y defensores coinciden es en la significativa obra social de Winter en la isla majorera.

Donó espacio para viviendas a los vecinos más necesitados de Morro Jable, también para diversas dependencias como un ambulatorio, un parque infantil, un centro cultural, la casa del médico, una central  telefónica, etc. Su primogénito, Juan Miguel, declara que tales proyectos permitieron que gente de otros municipios se instalase en Morro Jable porque el alemán les daba trabajo y así evitaban emigrar al Sahara español, algo muy habitual en aquella época. Además, niega cualquier adhesión de su padre al nazismo y afirma que en la compra de Jandía invirtió sus ahorros sin pedir ningún tipo de ayuda, ni mucho menos habiéndola recibido como regalo de Franco tal y como se había dicho en algún medio.

También repobló el pico de la Zarza con más de 100.000 pinos canarios, cultivó en Casas de Jorós tomates y alfalfa, y su explotación del ganado caprino permitió la comercialización de queso y lana de gran calidad en el mercado central de Las Palmas de Gran Canaria.

La construcción de la carretera hacia Cofete también se le atribuye al ingeniero, aunque algunos la conocen como “el camino de los presos”, ya que la leyenda también mantenía que los presos políticos que el régimen franquista recluía en el campo de concentración eran utilizados allí como mano de obra.

Gustavo comenzó en los años 60 una serie de actividades que pretendían impulsar el turismo en la isla. Exhibió en Alemania y Gran Canaria el largometraje Fuerteventura (1962) del realizador David J. Nieves Cabrera. Y en 1966 se inauguraba en El Matorral su primer hotel, Casa Atlántica, al que seguirían el Hotel Jandía Playa, los apartamentos El Matorral, etc.
Lo más curioso es que la familia Winter Althaus nunca residió en la villa, se instalaron en el conocido “caserío del alemán”, una finca que dominaba desde las alturas la localidad de Morro Jable.

El abogado, Juan P. Martín Luzardo, escribía un artículo en la revista Malpaísen 1988 donde ponía en entredicho que un particular, aunque fuese ingeniero, estuviese en posesión de tales cantidades de dinero para realizar esas cuantiosas inversiones. Además, de las extrañas circunstancias en que fue adquirida la finca. De lo que no hay duda es que la fortaleza turística de hoy en día en Jandía se debe en buena parte a la labor de Gustavo “el alemán”

En 1971 Gustav Winter fallece en Las Palmas de Gran Canaria y tiempo después sus herederos venden las acciones a Lopesan que pretende convertir la villa en un pequeño hotel. Actualmente, se hospedan en la casa abandonada dos hermanos que dedicaron su vida al servicio de la misma y que tienen la vivienda en usufructo. Su sobrino, Pedro, cuida de ellos debido a su avanzada edad y recibe la visita de los curiosos que se acercan al inhóspito lugar. Pedro muestra a los turistas muebles con símbolos nazis, baterías de submarinos y demás objetos como pruebas de que no se trata de una mera fábula.

Sin duda, estas historias han inspirado varias novelas de temática naziCofete de Ricardo Borges Jurado, El contenido del silencio de Lucía EtxeberriaLos dominios del viento de Miguel Ángel Sosa Medina, Cerco de arena de Enrique NacherSolsticio de verano de Alfonso O`Shanahan y Fuerteventura de Alberto Vázquez Figueroa, el tinerfeño quiso llevar la historia al cine pero no fue posible.

Solo las montañas han sido testigos de la verdad que encierra la leyenda, un misterio que quedará enterrado en la arena de la imponente playa de Cofete.

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